Poder tener la suerte de compartir con nuestros hijos desde la convivencia, paciencia y amor, más que suerte es una bendición. Ser madre es vivir en una montaña  rusa de emociones, y los niños no vienen con un manual de uso… Vaya lío!

No obstante, la vida te va brindando herramientas cada día, libros, amigos, la familia, a todos los que ya han pasado por el torbellino amoroso de ver crecer a sus hijos. Para mi, lo más importante es que vas creando una nueva escala de valores. Todo va tan deprisa que al principio usas lo que te han enseñado, pero pronto ves que  se te queda obsoleto. Necesitas renovarte y los consejos de los demás sirven solo como una base general. Así que te preparas para arriesgarte y confiar en tu instinto.  Muchas veces como madres no sabemos cuál es la solución, pero siempre esta ese silencio interior que te brinda todas las respuestas. Dejarte fluir, es dejarte llevar por ese instinto maternal que nace de ti, que es genuino y que te puedo asegurar  que cuando confías,  aparece nuestro propio vocabulario,  un abecedario con el que puedes conectar desde el corazón con tus hijos,  contigo misma, y con el mundo.

El día a día se va alimentando de los detalles que tienes para compartir, por ejemplo  la afición por el deporte, esas pelis los fines de semana con el fast food (comidas rápidas) preferido por ellos y por ti. Hacer las fiestas de cumpleaños disfrutando tanto como puedas, lecturas de libros que según tu criterio le dejan un pequeño aporte en su camino o acompañándoles a estudiar y un largo etcétera. Uno de los errores que solemos cometer sin darnos cuenta, es  la sobreprotección.  ¿Que madre no desea proteger a su hijo, meterlo en una burbuja de cristal y nada ni nadie le toque? (bueno, esta frase es un poco exagerada, pero ¿me captas la idea?) Creyendo protegerles no les dejas ser ellos mismos.

Ivonne y Alejandro Reyes fotografía cortesía de Carlos Marques @fotocarlosm

Ivonne y Alejandro Reyes fotografía cortesía de Carlos Marques @fotocarlosm

“Déjame respirar y hablamos en un rato” ¡ommm ! (dedo pulgar e índice juntos por favor,  formando un mudra para tranquilizarse)
Esta frase la decimos mucho las madres, pero también ellos y ellas cuando se ven agobiados por nuestro buen hacer sobreprotector.  Respirar, calmarnos, recordar los buenos momentos y volver a comenzar. Eso si, lo que creo que funciona muy bien es la negociación. A veces no es tan rápida, pero algo bueno siempre se obtienes.  Estar siempre presente para, sin agobiar, despejar ese camino que quieren tomar.
La hermosa aventura de ser madre, un camino intenso,  un máster, aplicando reglas, amor, paciencia, risas, mucho hogar, abrazos y besos… silencios. Y siempre, siempre,  recordarnos y recordarles la suerte que  la mejor y gran herencia que tenemos es … La Familia.  Que jamas pierdan esos valores,  que nosotras recordemos y demos un paseo por nuestro árbol genealógico,  que continuemos por muchos años y con conciencia, ejerciendo el mejor rol de nuestras vidas… “Ser Madre”
Gracias hijo por permitirme transitar esta experiencia como mujer y como persona.
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Ivonne y su hijo Alejandro Reyes en la boda de Jorge Planas y Raquel Oliva